El olivar forma parte de un ecosistema donde conviven suelo, agua, vegetación y fauna, con importantes vínculos con la biodiversidad y el paisaje.
Un olivar no existe aislado: forma parte de un ecosistema. En él se relacionan el suelo, el agua, la vegetación, los animales y las personas. Porque cuidar un olivar también significa comprender el entorno del que forma parte y buscar un equilibrio entre producción, conservación y futuro.
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